El pasado 26 de marzo de 2026, Juan Antonio Ortega presentó en el Servicio de Cardiología Pediátrica del Hospital Universitario La Paz la propuesta “Cardiología ambiental pediátrica 2030–2050: la cardiología de las trayectorias (Modelo LATIR)”, una visión orientada a integrar exposoma, territorio, anticipación clínica y equidad en el cuidado cardiovascular infantil. La sesión, acogida por el Dr. Federico Gutiérrez Larraya, abrió un espacio de reflexión y colaboración para avanzar hacia una cardiología pediátrica más preventiva, más contextual y más conectada con la salud medioambiental de la infancia y adolescencia.
Hacia una cardiología ambiental pediátrica: una propuesta compartida con Cardiología Pediátrica de La Paz
La cardiología pediátrica del futuro deberá ampliar su mirada.
Durante décadas, su fortaleza ha residido en el diagnóstico preciso, la excelencia clínica, la imagen, la hemodinámica, la cirugía y el seguimiento experto de las cardiopatías congénitas y adquiridas. Pero hoy sabemos que el desarrollo cardiovascular infantil no depende solo de la biología o de la enfermedad declarada. También se modela en el aire que se respira, en el calor que se soporta, en el ruido que rodea al niño, en la vivienda en la que crece, en la alimentación que recibe, en el barrio que habita y en las desigualdades ambientales y sociales que atraviesan su vida desde antes del nacimiento. Esa es, precisamente, la lógica de la pediatría ambiómica: entender que el entorno no es un telón de fondo, sino parte activa del diagnóstico, de la anticipación y del tratamiento.
Por ello, desde la perspectiva de la salud medioambiental pediátrica, proponemos avanzar hacia una cardiología ambiental pediátrica: una cardiología capaz de integrar el medioambiente como parte de la fisiopatología, de la prevención, del diagnóstico y del cuidado longitudinal.
No se trata de añadir un apéndice ecológico a la cardiología convencional. Se trata de reconocer que el corazón del niño también se escribe en su entorno.
De la cardiología del episodio a la cardiología de las trayectorias
La cardiología pediátrica del futuro no podrá limitarse a detectar enfermedad cuando esta ya es visible. Tendrá que aprender a leer trayectorias.
Trayectorias que comienzan en la etapa preconcepcional y fetal. Trayectorias influenciadas por contaminación atmosférica, humo de tabaco, exposiciones químicas, calor extremo, ruido, sueño alterado, pobreza energética, urbanismo hostil o sedentarismo estructural. Trayectorias que condicionan el desarrollo vascular, la presión arterial, la regulación autonómica, la inflamación y el riesgo cardiometabólico.
Esta nueva mirada obliga a pasar:
- del órgano aislado al niño en su ecosistema;
- del síntoma a la anticipación;
- de la consulta al territorio;
- de la prescripción exclusivamente farmacológica a la prescripción también ambiental;
- y de la supervivencia al desarrollo cardiovascular pleno.
Una propuesta de concepto
Con ese punto de partida, la presentación compartida en La Paz propuso avanzar hacia una cardiología ambiental pediátrica entendida como aquella rama de la cardiología infantil que integra exposoma, clima, territorio y determinantes sociales en la prevención, la evaluación clínica, el tratamiento y el seguimiento de las trayectorias cardiovasculares desde la vida fetal hasta la transición a la edad adulta.
Su objetivo no será solo tratar cardiopatías o factores de riesgo, sino también anticipar daño vascular precoz, proteger la resiliencia cardiovascular y reducir la carga ambiental del riesgo.
Modelo LATIR
Como marco de trabajo proponemos el modelo LATIR:
Lectura ambiómica cardiovascular.
Leer el contexto ambiental del niño como parte de la historia clínica.
Anticipación.
Identificar vulnerabilidad cardiovascular antes de que aparezca enfermedad establecida.
Territorio.
Incorporar hogar, escuela, barrio y movilidad como espacios clínicos.
Intervención.
Aplicar prescripción ambiental personalizada y medidas de protección frente a exposiciones.
Resiliencia.
Acompañar longitudinalmente al niño y su familia para promover salud cardiovascular futura.
La propuesta se organizó en torno al Modelo LATIR: Lectura ambiómica, Anticipación, Territorio, Intervención y Resiliencia. Este marco operativo permite traducir el conocimiento en práctica clínica real: incorporar una historia ambiental cardiovascular pediátrica, identificar ventanas críticas de vulnerabilidad, actuar sobre aire interior, humo, calor, ruido o movilidad, y acompañar longitudinalmente a los niños con mayor riesgo.
Qué cambiaría en la práctica clínica
La consulta de cardiología pediátrica del futuro debería incluir, de forma estructurada, una historia ambiental cardiovascular pediátrica. En ella tendrían cabida preguntas sobre calidad del aire, humo ambiental, proximidad al tráfico, combustión doméstica, confort térmico, ruido nocturno, plásticos y disruptores endocrinos, actividad física real, sueño, rutas escolares, espacios verdes y vulnerabilidad social.
También cambiaría la organización del seguimiento. No solo por diagnósticos, sino por trayectorias:
- fetal-congénita,
- vascular precoz,
- cardioinflamatoria,
- cardiometabólica,
- y de alta vulnerabilidad.
Esto sería especialmente relevante en niños con cardiopatías previas, prematuridad, cáncer infantil, tratamiento cardiotóxico o situaciones de fragilidad social.
Innovación organizativa
La cardiología ambiental pediátrica requerirá una organización nueva. Más transversal. Más predictiva. Más conectada con atención primaria, obstetricia, neonatología, neumología, endocrinología, oncología pediátrica, salud pública y escuela.
No bastará con hacer mejor la cardiología tradicional. Habrá que construir una cardiología capaz de actuar “río arriba”, antes del daño acumulado, integrando datos clínicos, exposiciones, territorio y contexto vital.
Hoja de ruta
La hoja de ruta podría comenzar con pasos concretos:
y desarrollar una agenda común de investigación, docencia y asistencia.
incorporar la historia ambiental cardiovascular pediátrica;
formar a los equipos en riesgo cardiovascular ambiental;
diseñar circuitos de colaboración entre PEHSU y Cardiología Pediátrica;
priorizar grupos de mayor vulnerabilidad;
Esta mirada conecta además con una idea que venimos trabajando desde PEHSU en otros ámbitos clínicos: la necesidad de “ir río arriba”. Es decir, dejar de actuar solo cuando aparecen los problemas y empezar a intervenir antes de que el daño se consolide. En oncología pediátrica hemos defendido que la supervivencia comienza en el día 0 del diagnóstico y que el medioambiente deja de ser contexto para convertirse en parte del tratamiento. Esa misma lógica de anticipación, continuidad y equidad puede y debe proyectarse también sobre el corazón infantil.
La sesión celebrada en La Paz fue, por tanto, algo más que una presentación. Fue una invitación a construir un espacio de trabajo común entre cardiología pediátrica y salud medioambiental pediátrica. Un espacio para pensar juntos, diseñar herramientas clínicas, priorizar cohortes vulnerables, pilotar circuitos compartidos y abrir una agenda colaborativa orientada a la práctica, la formación, la evaluación y la investigación. En la propia presentación se esbozaron compromisos iniciales de 12 meses, con especial atención a cohortes de cardiopatía compleja, hipertensión/obesidad y supervivientes cardio-oncológicos, dentro de un modelo panorámico que articula clínica, comunidad y políticas.
A continuación, compartimos el decálogo presentado y revisado para esta propuesta.
Decálogo para una cardiología ambiental pediátrica
Hoy proponemos que la cardiología pediátrica dé un paso histórico.
Que amplíe su mirada.
Que, sin renunciar a su excelencia diagnóstica, terapéutica y tecnológica, incorpore de forma plena una verdad ya ineludible: el corazón del niño también se escribe en su ambiente. El aire que respira, el calor que soporta, el ruido que lo rodea, la vivienda en la que crece, la alimentación que recibe, el barrio que habita, la desigualdad que padece y las exposiciones que acumula desde antes de nacer forman parte de su trayectoria cardiovascular.
Por ello, presentamos hoy este Decálogo para una Cardiología Ambiental Pediátrica.
1. Del corazón aislado al niño en su ecosistema.
La cardiología pediátrica del futuro deberá mirar al niño junto a su aire, su casa, su escuela, su territorio y su vulnerabilidad social.
2. Del episodio a la trayectoria.
No llegaremos tarde a la enfermedad. Seguiremos trayectorias cardiovasculares desde la gestación, identificando exposiciones que condicionan desarrollo vascular, presión arterial, inflamación y riesgo cardiometabólico.
3. De la anamnesis clásica a la historia ambiental cardiovascular.
Toda valoración cardiológica pediátrica deberá incluir humo, tráfico, combustión doméstica, calor, ruido, plásticos, pesticidas, metales, actividad física, sueño, acceso a naturaleza y condiciones de vivienda.
4. De tratar daño a anticiparlo.
La nueva cardiología pediátrica buscará señales precoces de vulnerabilidad endotelial, autonómica, inflamatoria y metabólica antes de que aparezca enfermedad clínica evidente.
5. De la consulta al territorio.
El hogar, la escuela y el barrio pasarán a ser espacios clínicos. La exposición real del niño importará tanto como la analítica o la imagen.
6. De la prescripción farmacológica a la prescripción ambiental.
Disminución de la contaminación del aire urbana , mejora del aire interior, ventilación, protección frente al calor, disminución del ruido, movilidad activa segura y alimentación menos contaminada también serán tratamiento.
7. De la subespecialidad cerrada a la alianza transversal.
La cardiología ambiental pediátrica trabajará con atención primaria, obstetricia, neonatología, neumología, endocrinología, oncología, salud pública, epidemiología y escuela.
8. De la media poblacional a la vulnerabilidad personalizada.
No todos los niños responden igual. Habrá que priorizar a quienes viven con cardiopatías previas, prematuridad, cáncer infantil, pobreza energética, alta exposición urbana o fragilidad social.
9. De la medicina reactiva a la medicina ambiómica.
Los sistemas clínicos deberán integrar exposoma, biomarcadores, geolocalización, imagen, wearables y contexto social para anticipar descompensaciones y prevenir daño acumulativo.
10. De sobrevivir a prosperar.
El objetivo final no será solo evitar eventos, sino asegurar desarrollo cardiovascular pleno, calidad de vida, equidad y salud a largo plazo desde el día del diagnóstico y aun antes de él.
Un compromiso colaborativo
La propuesta presentada ante el Servicio de Cardiología Pediátrica de La Paz quiere ser, ante todo, una invitación a colaborar.
Colaborar para pensar juntos.
Colaborar para diseñar herramientas clínicas.
Colaborar para identificar prioridades asistenciales.
Colaborar para investigar.
Y colaborar para que la salud ambiental pediátrica y la cardiología pediátrica puedan construir un nuevo espacio común.
Porque el corazón infantil no solo late en el tórax.
Late también en el aire, en la casa, en la escuela, en el barrio y en la justicia ambiental que seamos capaces de proteger.
Cierre
Desde PEHSU agradecemos al Servicio de Cardiología Pediátrica del Hospital Universitario La Paz su acogida, y de manera especial al Dr. Federico Gutiérrez Larraya, anfitrión de esta jornada de diálogo y futuro. Ojalá esta conversación sea el comienzo de nuevas alianzas para proteger mejor el desarrollo cardiovascular de la infancia en un mundo ambientalmente alterado.
Descarga la presentación.
cardiologia_ambiental_pediatrica_LATIR.pptx

Nota de foto.
Jornada de trabajo con el Servicio de Cardiología Pediátrica del Hospital Universitario La Paz, con motivo de la presentación de la propuesta “Cardiología ambiental pediátrica 2030–2050: la cardiología de las trayectorias (Modelo LATIR)”, celebrada el 26 de marzo de 2026.
Pie de foto.
Jornada de trabajo con el Servicio de Cardiología Pediátrica del Hospital Universitario La Paz, con motivo de la presentación de la propuesta “Cardiología ambiental pediátrica 2030–2050: la cardiología de las trayectorias (Modelo LATIR)”, celebrada el 26 de marzo de 2026.

